viernes, 6 de abril de 2012

El caso

Mi nombre es Eluney, tengo 20 años, vengo de Villa Pehuenia que se encuentra en la provincia de Neuquén.  Estoy viviendo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hace un año estudiando la carrera de medicina en la Universidad de Buenos Aires.
Vivo en un departamento en Villa Pueyrredón que me alquilan mis padres, no tengo un trabajo formal ya que la facultad ocupa la mayoría de mi tiempo y mis padres desean que concluya mi carrera en el menor tiempo posible por lo tanto no puedo acceder a un trabajo de tiempo completo que me quitaría tiempo de estudio.  Así como mis padres solventan el gasto del alquiler de mi departamento de 33 m2 depositan en mi cuenta bancaria el dinero para cubrir los gastos de servicios y alimentos.  No es mucho el dinero con el que cuento ya que mis padres deben mantener al resto de la familia en mi pueblo.
Cuando llegue a Buenos Aires me encandilé con sus luces y su velocidad lo que hizo que olvidará mi forma natural y tranquila de vivir en mi pueblo.  Me entusiasme con sus negocios de comida rápida, con los delivery y otras yerbas… pero no me duro mucho ya que mi presupuesto era escaso para mantener esta forma de vida. Además me empecé a sentir mal, me dolía la cabeza y la panza todo el día ya que no era esta la forma en la que me alimentaba allá en mi pueblo.
Se preguntarán que tenia o tiene de distinta la comida acá y en mi pueblo?  Por si no se dieron cuenta, mi nombre significa “regalo del cielo” y pertenezco a la comunidad mapuche Puel.  Nosotros respetamos las formas culturales que nos dieron nuestros antepasados, vivimos en armonía con la tierra de la cual obtenemos lo que necesitamos para alimentarnos.  Con esto se darán cuenta que cultivamos nuestros alimentos tanto en la huerta comunitaria como en nuestro hogar.  No usamos agroquímicos ya que respetamos los ciclos naturales de la tierra. 
Es un gran cambio para mí que obtenía de la huerta lo que comía y ahora lo veo en las góndolas del supermercado.  Es tan diferente… de natural a empaquetado y cerrado al vacío usando bandejas plásticas. Los colores y los olores ya no me son familiares, las naranjas con su anaranjado brillante que manchan las manos, los tomates sin perfume y sin sabor, perfectos en su forma. 
Ahora que tienen una idea de como era mi vida en mi pueblo, se pueden imaginar cual es la ayuda que necesito de ustedes.  Se que no es posible traer mi pueblo a la ciudad pero quisiera encontrar la manera de regresar a mi orígenes, de poder volver a conectarme con la naturaleza y alimentarme con productos naturales.  No crean que no hice ya el intento de conseguir alimentos orgánicos como los que cultivaba en mi pueblo, pero acá en la ciudad los costos de este tipo de alimentación están fuera de mi escaso presupuesto.  Además quisiera poder ayudar de alguna manera a mi familia tratando de gastar menos dinero en alimentos.  Todas estas cuestiones me tienen pensando en como resolver esto en mi pequeño departamento sin balcón.